Historia | Superando una odisea de alzheimer en cuarentena.

"En lo profundo, todos queremos darle la mejor calidad de vida a nuestra familia, y cuando alguna emergencia ocurre, no se nos pasa por la mente el precio que debemos pagar para que esto se cumpla..."

Esta historia, es una gran experiencia sobrellevando una odisea creada por el Alzheimer de mi abuelo, acompañado de un cáncer en la familia y la ola de encierro por la pandemia del COVID-19.

Todo esto, mientras vivimos en una rápida y consistente adaptación, que nos exige a todos ser muy ágiles; y mientras que yo, doy el máximo esfuerzo en seguir en marcha con mi emprendimiento en cuarentena. 

Uno de mis grandes objetivos, es hacer que una gran parte de mi conocimiento y pensamiento, perdure en el tiempo; y en esta ocasión, este artículo es una dedicatoria en honor a mi abuelo…

Antes de continuar, te quiero decir que este contenido probablemente no funcione para hacer crecer tu negocio de manera directa, pero sí, para conocer una potente estructura de Storytelling (Contar historias), que puedas utilizar, aplicar y sacarle provecho para apalancar tus proyectos.

1. El origen (Como si no tuviera suficientes mierdas por hacer)

Primero que todo, les quiero presentar a mi querido abuelo, Enrique Cárdenas, un hombre de 75 años, muy amable, humilde y colaborador; que toda su vida trabajó para que no faltara el pan en la mesa y que siempre se preocupó por la seguridad de cada uno de nosotros.

Hace un poco más de 8 años, le diagnosticaron inicios de Alzheimer, (y aunque él siempre gozó de buena salud, sus hábitos no eran tan buenos para su cerebro), al principio no era ninguna molestia ni amenaza, pero con la evolución de la enfermedad, la situación en casa cada día se ponía más complicada.

En casa vivimos mi madre, que trabaja en ventas de 8 a 5pm en una empresa industrial, mi abuela, que trabaja en casa; y que era el principal apego de mi abuelo, mis hijos y yo, Nico rocha, un emprendedor que constantemente está buscando oportunidades, educando a mis hijos y haciendo crecer mi negocio.

Sucede que, cada día, mi abuelo salía con algún dolor de cabeza nuevo, y mi abuela, por más ayuda que le diéramos, recibía todo el estrés del cuidado de él.

Un día de repente, luego de casi 3 meses de cuarentena, ella se empezó a sentir muy decaída y enferma, al pasar los días, empeoró e inmediatamente pedimos visitas médicas y exámenes; y nos dimos una gran sorpresa al observar que tenía una fuerte complicación pulmonar.

En los exámenes, parecía que a mi abuela le faltaba medio pulmón.

Ese preciso momento frente al doctor, fue muy impactante, yo me quedé frío y empecé a temblar y a tener un ataque de ansiedad, y ni siquiera puedo imaginar lo que ella sintió en ese momento.

El doctor también determinó que se debía ir inmediatamente a urgencias, coordinamos todos, mi madre salió como su acompañante, y yo me quedé en casa con mis hijos y mi abuelo; y desde ahí todo comenzó a irse a la mierda…

2. La lucha

Desde el primer día, mi abuelo empezó a salirse de control, y yo debía estar pendiente de él todo el tiempo para que no hiciera daños ni molestias en la casa.

Yo personalmente, tenía el objetivo de darles suficientes recursos de tiempo, dinero y esfuerzos, para que ellos pudiesen tener la mejor calidad de vida posible y que así, disfruten al máximo sus vidas, sin mayores preocupaciones.

Sin embargo, a grandes rasgos yo ya estaba metiendo un 300% de energía para levantar este nuevo negocio, luego de una quiebra en 2019, y hasta lanzando un nuevo proyecto prometedor.
Y al no poder controlar la situación bloquee toda mi agenda de la semana y el ritmo de trabajo que traía, para detenerme y darle la atención que él, mis hijos y la casa requerían.

Yo simplemente quería seguir con mi ritmo de trabajo y mis cosas…

PERO, el apego de unión y el lazo familiar, no me permitían ignorarlo y hacer como si nada, realmente debía detenerme a solucionar esto y no me podía dejar ganar.

Y claro, también tenía un inmenso deseo de retribuir todo lo que él me enseñó y aportó a mi vida, mis abuelos habían sido el mayor apoyo en uno de los momentos más duros de nuestro pasado, ellos nos acogieron.

Y yo, ya había fracasado en el sueño, de llevarlos a conocer el mar, justamente por las condiciones de mi abuelo, el ya no soportaba un plan de ese tamaño, y yo me sentía un fracaso de nieto…

Al haber quedado 100% a cargo de la casa, el tiempo de las labores domésticas, las clases online de mis hijos, tareas, lectura, cocina e imprevistos que salieran en el día, me quemaba por completo la energía, debía dejar a un lado mi trabajo para que la casa se mantuviese en orden.

En ese momento le pedí una pequeña ayuda a familiares y amigos cercanos, para distraer y lidiar a mi abuelo, y yo no perder la cabeza; pues cada día mi abuelo se volvía más difícil de tratar.

No entendía que estamos en medio de una pandemia global, no me reconocía a mí, ni siquiera a su propia casa y según él, se encontraba trabajando y esperando la hora de cierre para irse a donde su mamá.

Pero no solo eso, empezaba a romper y a esconder cosas en la casa, a ser muy molesto con el hecho de querer irse de la casa y llevarse a mis hijos de allí, incluso a tornarse grosero y muy agresivo; le pedí a la mamá de mis hijos que fueran con ella por unos días, mientras se solucionaba todo; incluso, les confieso, unas veces tuve que utilizar la fuerza para controlarlo y evitar que la situación pasara a mayores.

Yo veía que mi abuelo estaba viviendo el infierno dentro de su cabeza desde hace muchos años, a medida que avanzaba su demencia, no le quedaba absolutamente nada de certeza en su mente, se despertaba todos los días sin rumbo alguno, ni algo importante que hacer, o cumplir.

Para él, el día a día era comer, dormir y alimentar su cabeza de basura en la televisión.
– No me podría imaginar una vida así –
y a él tampoco le gustaba agarrar un libro y aprender algo nuevo.

Yo personalmente aplico una regla del Baseball en mi vida, 3 Strikes y estás fuera; ¿no está funcionando algo? tengo que solucionarlo de raíz;
y siendo así, estos fueron los 3 strikes con mi abuelo.

1er Strike / Historia

Una tarde habitual de un jueves de Junio, tipo 5pm, mi abuelo quería “irse para su casa”, el lugar donde realmente estaba parado, y en un embolate rápidamente él se salió a la calle, y yo lo seguí para observarlo y evitar que se perdiera.

Después de unas 9 cuadras de paso rápido, lo vi muy determinado, y estábamos lejos de nuestra casa, entonces me le acerqué a hablarle y a intentarlo convencer de que nos devolviéramos a la casa.

Él estaba completamente convencido de irse para otro lugar, yo le empecé a insistir más sobre devolvernos, luego, él casi agarra un bus que se dirigía para Usaquén y el Verbenal; me alerté y ahí fue cuando entré a detenerlo, fácilmente podría perderse en la ciudad.

Me empezó a tratar mal en medio de la calle y a volverse agresivo, cuando vi su intención de pegarme, inmediatamente llamé a pedir ayuda al 123, ellos dijeron que me asistiría una patrulla de policía, que nunca llegó.

Afortunadamente, miré a mi alrededor y debajo de un puente, vi a unos policías bachilleres, rápidamente les conté la situación y no se negaron a ayudarme, nos hablaron, calmaron a mi abuelo, me acompañaron y le hicieron una muy buena psicología, hasta devolvernos a unas 2 cuadras de la casa, donde el reconoció el barrio y se entró a la casa.

Suena fácil, pero pasaron 2 horas que tenía totalmente ocupadas.

Curiosamente yo nunca había tenido una buena relación con la fuerza pública, en esta ocasión, me cerraron la boca y no pude hacer nada más que agradecer la cooperación, de todo corazón; y mientras todo esto pasaba, yo perdí 2 reuniones cruciales con potenciales clientes.

2do Strike / Historia

Unos 13 días después, ya estaba adaptándome más a esta nueva rutina de, mi abuelo, la cocina y el ritmo de casa, y mi abuelo por supuesto quería salir a la calle e irse a su supuesta casa (de nuevo).

En un nuevo ataque de demencia y ansiedad, él se puso muy intenso, y en ese momento, justamente timbró a la puerta un vendedor de Yogurth (creo), por supuesto a ofrecer sus productos.
Yo no quería absolutamente nada en ese momento, justo tenía el almuerzo a medias y preparándose en ese momento, y al intentar despedir al sujeto, mi abuelo me confundió y rápidamente se salió solo a la calle, sin tapabocas.

No pude salir detrás de él para entrar de nuevo a casa, y me tocó dejarlo a su suerte; mi cabeza estaba a más de 100º grados y la sangre me hervía como nunca.

“Si mi abuelo llegase a infectarse de COVID-19, sería fatal para el hogar”, de alguna manera respiré, el almuerzo terminó y yo me calmé un poco.

Pasaron unos 40 minutos para escuchar el timbre de nuevo en la puerta, afortunadamente era mi abuelo, yo fui a abrirle y mi Saiyajin interno regresó de inmediato, mi abuelo entró como si nada.

5 pasos después de que el entró en la casa, estallé y le descargué un regaño con toda mi furia, creo que nunca nadie en la vida le había hablado tan duro a mi abuelo; después de unas fuertes palabras, le supliqué que me dejara en paz por 30 minutos.

Debía conectarme a una video llamada (la única que acepté en este periodo), con un nuevo cliente.

3er Strike / Historia

Inmediatamente después de esto, me dispuse a entrar a la video llamada, volví a estar presente en el momento, respiré, y cambié mi estado de ánimo y mi foco mental para ingresar.

Empezó la reunión, y estábamos listos junto a mi cliente y mi equipo, todo estaba en calma, y parecía que todo iba a la perfección; me asomé para ver qué estaba haciendo mi abuelo, y no se escuchaba nada, me calmé y me concentré en la reunión.

Pasaron 5 minutos, y todo iba en marcha, 10 minutos y la calma seguía, pensé que mi abuelo se había dormido o algo, así que me relajé; a los 15 minutos de la llamada, alguien timbró a la puerta, y pensé: ahora quién mierdas será.

Abro la puerta, y era mi vecino, con una cara pálida, me dice: “Vecino, venga ya, que su abuelo está en nuestro tejado, rompió una teja, casi se cae y se puede matar”.

Yo me quedé frío al escuchar eso, salí corriendo, cerré la casa y dejé todo atrás, al llegar al altillo en la casa de los vecinos, efectivamente, mi abuelo estaba en las tejas de la casa del vecino.

No podía creerlo, ¿Por qué estaba sucediendo esto?
(Debí haber tomado una foto en ese momento, pero creo que el instinto no me dejó pensar en eso)
Después de unos 15 minutos, pudimos convencer a mi abuelo, bajarlo del tejado de la casa y entrar de nuevo con el sano y salvo.

Noté que se había golpeado en una pierna y herido en una mano, le pregunté por qué había hecho esa locura, y él me dijo:

“Como no podía salir, por arriba era la única manera que vi para salirme de aquí”…

En ese momento, sentí que mi cabeza se despejó y todo el estrés y la ansiedad del momento se fue…
Al volver a la reunión, no había absolutamente nadie, me sentí decepcionado, pero por fortuna, mi equipo, pudo cubrirme muy bien y todo fue un éxito sin mí.

Empecé a compartir esto con personas cercanas y a buscar soluciones por internet, investigué como loco, me informé y aprendí sobre el importante y difícil papel del cuidador en los pacientes alzheimer, los cuidados, las etapas y el comportamiento de los pacientes.

Di con expertos que afortunadamente me dieron tiempo y atención; y después de todo esto, entendí que debía optar por una solución que no quería en un principio y que no sería nada fácil de tomar junto a mi familia.

Comprendí que darle la mejorar calidad de vida a mi abuelo, era una misión casi imposible para nosotros, necesitábamos tener el tiempo completo para darle atención; y también el conocimiento y la capacitación para el trato psicológico, y realmente ninguno de nosotros tenía la capacidad para hacerlo.

Así que después de unos días de intensa búsqueda y recomendaciones, encontré un lugar ideal y con un presupuesto más razonable para nuestro escenario, y en internet, vi muchos casos de éxito de familias que habían podido ofrecerle una mejor calidad de vida a sus adultos mayores y también para ellos mismos; averigüe todos los requerimientos y requisitos para llevarlo a un hogar geriátrico especializado, aunque no me sentía muy feliz haciéndolo, sabía que era necesario.

Esta decisión debía ser tomada con todo el núcleo familiar, y yo sentía que cada día que pasaba perdía más oportunidades, a veces recibía algo de ayuda, con familiares y conocidos que venían a ayudarme de a ratos: y yo ya estaba hasta la madre.

Y aunque este nuevo hogar para mi abuelo era mucho más económico que otros, requeriría que yo aumentara al menos unas 4 veces mi ritmo de trabajo y los ingresos que venía generando, y los negocios que venía desarrollando muy probablemente ya se habían caído por la falta de seguimiento y atención.

Al final, con todos nuestros esfuerzos y con cooperación del instituto, el día 20 de Julio del 2020, mi abuelo Enrique finalmente pudo ingresar a su nuevo hogar; y de hecho, no fue nada fácil en ese momento:

Historia EXTRA

Ese mismo día en que llevamos a mi abuelo a donde sería su nuevo hogar, fue también un dolor de cabeza, pues tuvimos que mentirle diciéndole que nos dirigíamos a una cita médica, al llegar al sitio, pudimos hacer que entrara, y desde ese momento, él ya se quedaría del todo para vivir.

Al dejarlo allí, me sentí algo nostálgico y tuve un bajón de ánimos, me tomé un tiempo, respiré y al momento de ponerme en marcha para tomar de nuevo impulso, y empezar a hacer el almuerzo.

Sonó el timbre de nuevo.

¡ERA ÉL! mi abuelo se había escapado y llegó solo hasta la casa…
(Esta foto fue en ese preciso momento)

La directora del instituto me llamó angustiada y me comentó que él les había mentido y que en un breve descuido se salió por las rejas del hogar y llegó de nuevo a la casa sin tapabocas; afortunadamente el sitio queda a unas 7 cuadras y pudimos llevarlo de vuelta unas horas después…

Me causó curiosidad y hasta risa todo esto.
Pero desde entonces, ¡todo ha salido muy bien con él!

Tuvimos que hacer un gran trabajo de limpieza y arreglos en el hogar, y realmente el cambio se sintió, al cabo de 1 semana, pudimos retomar el orden, el ritmo y la tranquilidad en casa.

3. End Game

Fue un gran respiro…
Después de esto, yo ya pude completar los quehaceres básicos sin tanto estrés, adelanté tareas y trabajos con mis hijos, pude tener un tiempo de descanso y de entrenamiento merecido.

Pude retomar el trabajo poco a poco y hasta conseguí unos muy buenos proyectos digitales desde entonces.

Pero lo mejor de todo esto, ¡fue verlo feliz después de mucho tiempo!, él estaba en el lugar indicado, donde lo atendían, le trataban muy bien y de acuerdo a su locura, le brindaban toda la atención que necesitaba.

La calidad de vida de mi abuelo había empezado a mejorar, ahora hacemos una video llamada con él cada sábado y lo notamos mucho más tranquilo.

Ellos nos envían fotos y videos de actividades que hacen para los demás abuelos y a él se le ve más alegre, más vivo, comiendo bien, hablando por montones, tirando chistes, historias, anécdotas, riendo a carcajadas y hasta haciendo ejercicio.

Habíamos logrado que mi abuelo saliera del infierno que tenía en su cabeza, que sin quererlo, éramos nosotros mismos.

Y nuestra batalla aún no termina, ahora tenemos un cáncer por derrotar, y debemos seguir adaptándonos a las sorpresas que nos traiga esta pandemia y esta supuesta “nueva normalidad”.


Lo importante es que gracias a la tecnología, pudimos resolver esto, con las video llamadas, todos en la familia hemos podido volver a hablar y conectarnos de nuevo, como si realmente estuviéramos reunidos y disfrutando en familia, en una misma habitación, y ahora sabemos, que estamos a un par de clicks de estar unidos.

¿Qué aprendí de todo esto?

Definitivamente esta experiencia personal quedó marcada en mi mente por el gran impacto que me causó, por las emociones sumadas al nivel de presión y el estrés que viví en ese mes.

Y si hay algo importante que aprendí de mi abuelo, es que:

“Nunca debemos apagar el motor de nuestro cerebro, ni el deseo de crecer y de aprender algo nuevo cada día.

Por más amor, familia o lo que sea, debo aceptar que mi abuelo terminó así, por haber apagado ese apetito de descubrir algo nuevo, por resignarse y no querer lograr algo significativo en su vida.

Por su falta de ambición, pereza y decisión de llenar su mente de pura basura en la TV, en vez de las enseñanzas de un libro; y por su falta de propósito…”

Para despedirme, solamente me quiero confesar; mi mayor deseo con toda esta historia, es que las personas que lean esta experiencia, nunca dejen de crecer y perseguir un nivel más allá, de lo que sea que se propongan en sus vidas.

Si leíste hasta aquí, te envío un fuerte abrazo y muchísimo amor, escribe abajo tus comentarios o en cualquiera de mis canales donde tendré esta historia, y si te gustó, compártela con alguien que pueda estar viviendo algún otro infierno similar, o que creas que esta historia le pueda ser útil.

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